OPINION
Suerte
Oswaldo Guillén
Para todo en la vida hay que tener suerte. No basta el talento,
la capacidad o el conocimiento. A veces es la suerte la que
determina el éxito de lo que uno hace. Para algunos comentaristas
y fanáticos que siguen la temporada de los Medias Blancas,
nuestro equipo ha tenido mucha suerte hasta ahora. Y sacan
a relucir sus argumentos. Por ejemplo, este fin de semana
estamos jugando contra San Diego, líderes de la División
Oeste de la Liga Nacional. Por cuestiones del destino, no
nos tocó enfrentar a sus dos mejores abridores, Jake
Peavy y Adam Eaton. Suerte, es verdad. Pero cuando nos tocó
a nosotros enfrentar a los Cachorros de Chicago hace algunas
semanas, los abridores de ellos fueron sus estelares Greg
Maddux, Carlos Zambrano y Mark Prior, mientras que nosotros
no contamos ese fin de semana con Mark Buerhle ni Jon Garland,
que para ese momento tenían récord de 15 ganados
y una sola derrota entre los dos. Y nosotros ganamos la serie
2 a 1. También han recordado por aquí que cuando
enfrentamos a los Orioles, Sammy Sosa, su cuarto bate, estaba
lesionado. Cuando jugamos contra los Angelinos, Vladimir Guerrero
y Kelvin Escobar estaban a la lista de incapacitados. Cuando
jugamos contra los Mellizos, Justin Morneau, su bateador de
más poder, también estaba fuera de juego por razones
de salud. Suerte para nosotros. Me imagino qué estarán
pensando quienes me han escuchado hablar de mis cualidades
como brujo. Pero aquí no hay brujería que valga,
porque la razón es sencilla: nuestros jugadores se están
divirtiendo jugando, pero fundamentalmente se están esforzando
por hacer su trabajo. No sé si en Venezuela vieron alguno
de los tres juegos contra Colorado, en un estadio que es un
paraíso para los bateadores. Pues bien, en los dos primeros
juegos nuestro pitcheo no aceptó muchas libertades, y
en el tercero despertó nuestra toletería hasta el
punto que fabricamos 15 carreras, incluyendo 6 en un inning
por primera vez en la temporada. Pero lo más divertido
fue ver a nuestros lanzadores bateando, con un par de imparables
clave de el Duque Hernández y Cliff Politte que cambiaron
la historia del partido. Otro factor importante es que todo
el mundo está jugando frecuentemente, lo que impide que
a ninguno le salgan telarañas esperando una oportunidad
para demostrar su talento. Ahora, por ejemplo, con la reincorporación
de Frank Thomas y el despertar ofensivo de Jermaine Dye tengo
un agradable problema que resolver, porque todos quieren jugar
y ayudar, y han demostrado que pueden hacerlo. Baste decir
que ya Frank lleva dos jonrones, uno de ellos para empatar
el juego en el décimo inning contra los Indios el domingo
pasado. Tanto Frank como yo sabemos que su bate es necesario
en este equipo, aunque también tenemos a un Carl Everett
que está rindiendo. En pocas palabras, es verdad que
hemos tenido suerte, pero el material está ahí,
en el terreno y en el banco, y hasta en las tribunas con el
apoyo de los fanáticos. De resto, lo que tenemos que
ligar es que todo eso siga combinándose hasta octubre.
A partir de entonces me tocará ¡hacer brujería!
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