VÍCTOR SALMERÓN
ERNESTO J. TOVAR
EL UNIVERSAL
Desde febrero de 2003 la administración de Hugo Chávez
ha utilizado el control de precios como principal arma para
contener la inflación, no obstante, las estadísticas
del Banco Central indican que la eficacia de la medida es
prácticamente nula, de hecho, en los primeros cuatro
meses de este año los productos no regulados acumulan
un salto promedio en todo el país de 9% y los sometidos
al control de 8,7%, es decir, una mínima diferencia de
tres décimas.
Incluso, al observar el resultado por ciudades aflora que
en Maturín y Maracaibo los bienes controlados acumulan
un incremento de precio que supera al de los sometidos al
libre juego de la oferta y la demanda.
La historia reciente indica que el control generó una
fuerte escasez de productos básicos, una vez que los
empresarios, obligados a vender a precios que no permitían
cubrir los costos de producción o reportaban ganancias
muy bajas, optaron por disminuir la oferta o migrar hacia
áreas no reguladas.
Presionado por los anaqueles vacíos el Gobierno no ha
tenido otro camino que permitir ajustes importantes en los
productos controlados, reconociendo parte de la inflación
represada.
Nueva estrategia
Frente a la pérdida de efectividad del control de precios
el gabinete económico ha tomado otras medidas para tratar
de desinflar el globo de la inflación, que en el caso
de Caracas, el único dato que puede compararse con períodos
anteriores, suma un avance de 9,9% en los primeros cuatro
meses versus 4,1% en el mismo lapso de 2007.
Bajo la premisa de que menos bolívares intentando comprar
pocos productos es la principal causa del alza de precios,
el Banco Central y el Ministerio de Finanzas frenan la expansión
de los bolívares en circulación.
Hasta ahora la receta ha consistido en venta masiva de bonos
en dólares, mayor entrega de divisas en Cadivi y aumento
de la porción de los depósitos que no pueden prestarse
y el impacto es notable; la liquidez no ha crecido en el año
y el 16 de mayo se ubicó 1,2% por debajo del cierre de
2007. A la par han aumentado las tasas de interés para
los préstamos al consumo.
Analistas consideran que cuellos de botella por el control
de cambio, el impacto del impuesto a las transacciones financieras,
expectativas de mayores aumentos de precios controlados y
baja inversión, explican que las medidas monetarias no
hayan tenido mayor efecto.
Ajustes en regulación
Las distorsiones generadas por el control se traducen en
restricciones para el sector industrial, y fallas en el abastecimiento
de rubros básicos como pastas, carne o leche.
Los procesadores de pastas deben afrontar un precio regulado
de BsF 2,75 por kilo vigente desde octubre de 2007, que sólo
alcanza para cubrir el valor de la materia prima (trigo importado).
En este caso, el rezago está cercano al 38%, pues producir
un kilo de pastas alimenticias cuesta BsF 3,70.
La distorsión se acumula mientras los cambios de autoridades
del Ejecutivo retrasa las reuniones con el sector privado
para revisar las estructuras de costos.
En cuanto a la leche, el último ajuste de precios se
produjo en enero de este año, cuando el Gobierno autorizó
un aumento promedio de 36,7% en el valor de todas las presentaciones
tanto en polvo como de leche líquida.
No obstante, la industria láctea ha manifestado que
el precio de BsF 1,80 por litro de leche fresca, más
incentivos, no se puede costear cuando el precio final es
BsF 2,40 por litro.
En el caso de la carne, hace 15 meses se reguló en BsF
3,99 por kilo de ganado en pie y BsF 11,72 por kilo de producto
final, pero los frigoríficos han manifestado públicamente
que la distorsión entre el valor del mercado y la regulación
es de 40%. Los comercios pagan hasta BsF 11,80 por el kilo
de carne en canal, que está regulado en BsF 7,98.