ÁNGEL RICARDO GÓMEZ
EL UNIVERSAL
Al menos ocho años tenía Caracas sin disfrutar
de Giselle, clásico del ballet romántico.
Y en esta oportunidad es la propia Alicia Alonso, emblemática
intérprete cubana de este montaje, quien está en
la capital para afinar los últimos detalles de la pieza
que presentará el Ballet Teresa Carreño el 2, 3,
9 y 10 de agosto. Las primeras bailarinas venezolanas, Cristina
Amaral y Cristina Gallardo, junto a los invitados del Ballet
Nacional de Cuba, Joel Careño y Javier Torres, prestarán
sus cuerpos para la obra.
Giselle es un ballet en dos actos que cuenta la historia
de una joven campesina enamorada de Loys, a quien ella supone
un aldeano, pero que es en realidad Albrecht, duque de Silesia.
Hilarión está enamorado de ella pero no es correspondido.
Será éste quien desenmascare a Albrecht, un hecho
que provoca la muerte de la protagonista. En el segundo acto,
la doncella forma parte del reino de las Willis, fantasmas
que hacen bailar a los hombres hasta hacerlos morir. Giselle
debe provocar la muerte de Albrecht pero su amor la llevará
a salvar al joven.
Fue el crítico y poeta Theóphile Gautier el que
escribió la obra a partir de un poema de Heinrich Heine
sobre la leyenda alemana de las Willis. Gautier escribió
embelesado por el arte, pero también por la bailarina
italiana Carlotta Grisi (1819-1899), quien sería la primera
Giselle de la historia.
El montaje debutó el 28 de junio de 1841 en la Ópera
de París, con coreografía de Jean Coralli y Jules
Perrot y música de Adolphe Charles Adam, quien compuso
la pieza en apenas tres semanas.
Otras famosas Giselle de la época fueron Lucile Grahn,
Fanny Cerrito y Fanny Elssler (1843), Amalia Ferraris (1859),
Carolina Rosati (1862), Ekaterina Vazem (1878) y Anna Pavlova
(1903). Por cierto, esta última realiza una histórica
visita a Venezuela en noviembre de 1917, que se considera
el inicio del ballet en el país. En tiempos de Juan Vicente
Gómez, la bailarina rusa interpreta Giselle en
el Teatro Municipal, ganándose incluso los honores del
dictador.
Alicia Markova, bailarina inglesa, debuta con este clásico
en 1934. Antes de una función en 1943, en el antiguo
Metropolitan Opera House de Nueva York, Markova se enferma
y el coreógrafo Anton Dolin le preguntó a sus bailarinas
quién quería reemplazarla. La única que dio
un paso al frente fue la joven Alicia Alonso, quien saltaría
a la fama con ese papel.
"Yo era muy joven, y apenas me había recuperado de una
operación de los ojos. Pero era un papel que yo amaba,
lo había estudiado detenidamente, y cuando propusieron
a varias bailarinas jóvenes del Ballet Theatre la sustitución
de Markova, la única que se atrevió a decir sí
fui yo", relató Alonso recientemente.
La artista bailaría Giselle en Venezuela en 1948,
cuando conoce a Irma y Margot Contreras, pioneras del ballet
en Venezuela; en 1958, invitada por el Ballet Nacional de
Venezuela y posteriormente, a propósito del Bicentenario
de Simón Bolívar, en 1983. La compañía
cubana presentaría nuevamente el montaje en 2000, pero
sin la emblemática bailarina.
Fue Alonso quien enseñó las claves de este personaje
a la venezolana Zhandra Rodríguez, durante su paso por
el Ballet Nacional de Cuba. Rodríguez interpreta a Giselle
en 1973 y pasa a ser bailarina principal del American Ballet
Theatre. Sin embargo, según el crítico Carlos Paolillo,
nunca lo llegó a interpretar en su terruño.
En 1989 Rodríguez intenta reeditar al Ballet Nacional
de Venezuela, que había sido fundado por las hermanas
Contreras, y presenta Giselle con la desaparecida Eva
Millán y Paula Núñez. Aquel año también
brilla Cristina Gallardo con este rol en el Aula Magna de
la Universidad Central de Venezuela.
Carlos Paolillo confía en que Cristina Amaral y Cristina
Gallardo podrán hacer con solvencia este personaje. "Gallardo
tiene técnica, temperamento y fogueo en roles clásicos
y románticos, de hecho ya hizo Giselle; Amaral
es más especializada en el neoclásico, pero formada
en el clásico, tiene una morfología y unas líneas
delicadas que la hacen perfecta para el segundo acto".
El crítico y profesor universitario recordó que
Giselle es la obra cumbre del ballet romántico
que se desarrolla en las primeras décadas del siglo XIX,
inscrito en el Romanticismo. "El romántico exalta a la
figura femenina al máximo en contraposición con
el siglo XVIII que giró en torno al hombre. La mujer
se muestra inasible, inalcanzable, ingrávida, vaporosa,
frágil... Los roles son muy demandantes porque están
inscritos en una doble realidad (material e inmaterial)".
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